Un Devocional Diario
Por Paul A. Cleveland
Profesor de Economía
Birmingham Southern College
tr. Susie Chen
Hace 20 años me encontré un pasaje en los evangelios que ha afectado mi vida profundamente. El pasaje era Mateo 13:52, donde Jesús dice:
“Todo maestro de la ley que ha sido instruido acerca del reino de los cielos es como el dueño de una casa, que de lo que tiene guardado saca tesoros nuevos y viejos.”
La Versión del Nuevo Testamento El Mensaje lo parafrasea así:
“Ves que cada estudiante bien entrenado en el reino de Dios es como el dueño de un almacén que puede encontrar en su tienda cualquier cosa que necesitas, vieja o nueva, exactamente cuando lo necesitas.”
Cuando reflexiono en esta experiencia, era como si el Señor me hubiera dicho directamente a mí que necesitaba hacerle mi primera búsqueda si mi intención era perseguir una carrera como docente. Dios deseaba añadir “tesoros nuevos” en mi caja de herramientas de conocimiento. Ahora me esfuerzo en pasar la primera hora de mi día estudiando la palabra de Dios para la aplicación de lo que El enseña para mi vida y para mi profesión.
Puede que usted piense que pasar una hora diaria en estudio de la Biblia es un precio alto dado las demandas de su posición. Y en cierto sentido lo es. Sin embargo, he descubierto que el tiempo que paso con Dios es el tiempo más importante en mi horario.
No puedo contar las veces que El me ha traído nuevas ideas a la mente que profundamente afectan como veo el estudio de economía. Estas ideas típicamente han conducido a publicaciones que han avanzado mi carrera mucho más rápidamente de lo que yo habría podido hacer aparte de El. Pero en los momentos cuando descuidé el buscar a Dios, aunque estaba trabajando duro y mi horario parecía lleno al borde, lograba muy poco sustancioso.
Si realmente deseamos empeñar el estudio de nuestras disciplinas particulares de una manera piadosa, necesitamos una relación fructífera y progresiva con Jesús en la cual El nos enseña diariamente sobre las verdades de Su Palabra y como aplican a todo lo que hacemos. Tenemos que dejar que el Maestro nos enseñe.
Los escribas que eran contemporáneos con Jesús pasaron muchas horas cada semana en los textos bíblicos, y sin embargo eran a menudo los blancos de Su crítica más severa. Es una advertencia a nosotros como cristianos. Ellos no tenían una relación con Jesús y, por lo tanto, enseñaron y vivieron por interpretaciones hipócritas de la Palabra de Dios que sirvieron sus propios propósitos en vez de los propósitos de Dios mismo.
Como profesores cristianos podemos impactar positivamente la universidad moderna para Cristo. Pero sencillamente debemos ser estudiantes de primera clase de la Palabra de Dios. Eso implica un compromiso diario de nuestro tiempo; también significa un compromiso diario de nuestros corazones.

